¡Bienvenida Primavera!

Y por fin llegó la primavera, una maravillosa estación de cambio, donde los días se vuelven cálidos, el sol empieza a ser un visitante frecuente, los colores se hacen más brillantes y, tanto el gris del cielo limeño como el clima frío van dejando de ser protagonistas. Esta estación nos impulsa a salir, al patio, al jardín, al campo o a algún lugar al aire libre. El ánimo ya no está para estar encerrados o para querer comidas pesadas o cargadas de calorías; esos platos calientes donde las grasas y carbohidratos son casi inevitables. Más bien, pensamos en una parrilla al exterior con pollo o pescado y verduras grilladas o en algunos platos simples y ligeros: ensaladas, soufflés, entradas frías, quiches, pasteles de verduras, tapas, pastas suaves y frutos marinos. La selección es amplia y nos da espacio todavía para una que otra comida invernal durante las noches frías, al aún no estar completamente inmersos en el calor.

Igualmente sucede con los vinos que elegiremos. Algunos no estamos dispuestos a descartar por completo un apetitoso vino tinto que se nos pueda aparecer. Al estar en una estación intermedia, no podemos dejar por completo ningún vino tinto de buena estructura e intensidad. Pero sí podemos adicionar a la lista una interesante cantidad de vinos blancos, espumantes, tintos ligeros y rosados.

Si nuestra intención es la de calentarnos un poquito con los primeros rayos del sol luego del invierno, busquemos un rincón donde el calor nos mime; entonces no hay mejor elección que descorchar  un espumante para hacernos sonreír y sentir que por fin la primavera está con nosotros. Vinos blancos de buena textura como los de Chardonnay o Viognier serán gratos compañeros también.

Llegado el mediodía, si nos provoca algún bocadillo, antipasto o tentempié, saboreemos un rosado de rica acidez y bien colmado de frutillos. En los anaqueles nacionales podemos encontrar Rosés de Malbec que cumplen correctamente con este cometido. Esta combinación nos transportará a un apacible paseo campestre. También podemos decidirnos por tintos de cuerpo medio a ligero de taninos suaves y chirriante acidez, como aquellos que llegan del piemonte italiano: Barbera, Dolcetto y Bonarda (ojo, no tiene ninguna relación con la Bonarda argentina). Un rosso de Sangiovese nunca está demás.

Ensaladas aliñadas de vegetales frescos caminan con cítricos y herbales blancos de Sauvignon Blanc de diversas procedencias: Argentina, EUA, Chile, Nueva Zelanda o Francia. Gratas alternativas son los vinos de la D.O. Rueda o de la D.O. Rias Baixas en España. Un Vinho Verde portugués por qué no. Podemos experimentar sin temor con un Riesling alemán, Kabinett o Spätlese, cuando preparemos una ensalada con pasta corta.

Vinos blancos florales con dejos cítricos, excelente untuosidad en el paladar y alta intensidad aromática como el Torrontés argentino o el Moscatel seco francés, son de rigor con entradas frías como: causas en sus diferentes alternativas, papa a la huancaína u ocopa arequipeña. Los sabores y texturas armonizarán sin ninguna oposición.

Y no podíamos terminar este artículo sin incluir a nuestra inseparable parrilla. Lo que nos hayamos decidido colocar en las brasas, por ser primavera, debemos incluir algunos vegetales para agregar un poco de color, sabor y textura. ¿Con qué aliados nos rodearemos? Aquí algunos que nos alegrarán el espíritu y agregarán más calor al día: Chardonnay con crianza, Syrah o Shiraz, vino tinto Crianza español, Zinfandel  californiano, Blends que incluyan algo de Merlot y Pinot Noir.

Esperaba que llegaras, te esperaba primavera…