La Cena de Navidad, Un Maridaje Especial

Hemos esperado casi todo el año para este acontecimiento tan especial que es la Navidad; y como acto seguido, la cena y la apertura de regalos.  Esta cena marca uno de los momentos  familiares más importantes dentro del calendario, junto con la Semana Santa y el almuerzo de Viernes Santo.

Nuestro interés, como sucede normalmente en este blog, es ocuparnos en encontrar el mejor equilibrio entre  los diversos componentes de esta trascendental comida familiar. Y nunca está de más un poco de historia para situarnos correctamente en el contexto. ¿Por qué pavo en Navidad? La costumbre de comer pavo en estas fechas nos llega desde Inglaterra, sí señores, de Inglaterra. Durante el reinado de la reina Victoria se introdujo el consumo de esta ave en las celebraciones navideñas. En un inicio, fueron el ganso, la carne de res o la de cerdo, los predominantes. Pero con el avance de la ciencia médica, disminuyó la mortalidad y las familias aumentaron en número, por lo tanto, las miradas se centraron en el pavo, un ave de fácil crianza y de bajo  costo que podía alimentar a un buen grupo de personas sin ningún inconveniente. Además, los polluelos nacidos en la primavera del hemisferio norte (finales de marzo) estaban en su peso y tamaño óptimos en los meses de noviembre-diciembre. Esto explica adicionalmente, el porqué se come pavo en el Día de Acción de Gracias o Thanksgiving Day; la mayor celebración de los EUA.

Como en toda cena navideña, los platos son variados, y así mismo, lo son los ingredientes que intervienen en ellos. Pavo, especias, arroces de distintos colores y sabores, ensaladas con o sin papa, purés dulces o agridulces, aliños múltiples, quizá un chancho glaseado, y para culminar, algún postre o queque navideño, si es que no es un panetón. Entre esta infinidad de sabores y de texturas, tenemos que navegar para ubicar un vino o los vinos que nos transporten de principio a fin sin sufrir ningún contratiempo.

Hace mucho que aprendimos que no se requiere elegir un vino para cada plato. Con uno solo podemos irnos desde los frutos secos hasta el postre. ¿Es posible? ¡Por supuesto! Aquí les decimos con cuáles:

1.- Espumante blanco o rosado: Un Champagne, Cava o espumante de nomenclatura “Brut” será el compañero predilecto de esta celebración. Si nos gusta el espumante levemente dulce, un “Demi Sec” será la elección justa. Las burbujas ayudan a realzar las sensaciones gustativas, y a la vez limpian de distintos sabores  nuestro paladar, dejándolo listo para el siguiente manjar. No hay altisonantes en esta armonía. Y para ser honestos, no hay postre que se resista a  un sabroso y vivaz espumante.

2.- Vino Rosé o Rosado: Durante gran parte de este año que se va, hemos hablado con holgura sobre el siempre fresco y flexible rosé. Al recoger las características básicas de un vino blanco y de un vino tinto, le permite ajustar equilibradamente sus sabores y aromas al reto culinario que la cena navideña nos depara. Los frutillos rojos, la acidez de una fresa casi madura y su leve tanicidad combinan con precisión milimétrica con cada uno de los platillos navideños.

3.- Vino Tinto: Busquemos tintos afrutados, de taninos amables, texturas suaves, ligeros en boca, de bajo volumen alcohólico (no más de 13.5% sería lo aconsejable) y leve tanicidad. ¿Los hay? Claro que sí: Syrah o Shiraz, Tempranillo,  Merlot, Bonarda argentina, Pinot Noir, Barbera y alguno que otro Cabernet Franc. Al no ser excesivamente astringentes, tánicos o alcohólicos no nos incomodarán en el paladar, ya que en la cena navideña no existen platos con demasiada grasa, o excesivamente especiados.

Si queremos poner más de un tipo de vino, podemos empezar la celebración con un vino blanco o un Jerez Fino y terminar con un Porto o un Late Harvest.

A celebrar responsablemente entonces esta fecha tan significativa, siempre acompañados de los más cercanos, con buena comida y excelente vino. ¡Feliz Navidad!