Los Terroirs del Mundo: Itata

Hace unas décadas atrás se pensaba que en esta zona no había probabilidades de que uvas finas tintas o blancas, tuvieran alguna posibilidad de producir vinos, que no sólo sean bebibles, sino que también tengan la calidad suficiente como para ser exportables.  Remarcamos lo de “uvas finas”, porque en esta región ya se cultivaban las uvas País y Moscatel desde hace unos siglos. Se dice que en ella se inició por primera vez la vitivinicultura en Chile. Lo cierto es que algunos viñateros, junto con agencias gubernamentales chilenas vieron que este paraje poseía un potencial inusual e insospechado para conseguir lo casi imposible: obtener vinos de óptima calidad y con buena capacidad de envejecimiento.

¿Y en dónde se ubica Itata? 

La Región Sur de Chile es la más austral y en ella existen aproximadamente 8,754 hectáreas de viñedos. La integran el Valle de Itata (Chillán y Quillón), el Valle de Bío-Bío / Malleco (Yumbel y Mulchén) y el Valle de Araucanía (Traiguén – el más austral). En Itata se cuentan casi cerca de 7,100 hectáreas con vides.

Inicialmente se hallaron microclimas y terruños propicios para el cultivo de uvas que no requerían climas cálidos: Pinot Noir, Chardonnay, Gewúrztraminer, Riesling, Sauvignon Blanc y Merlot. Haciendo una pausa, citaremos que el vino de Chardonnay de este terroir es de lo más buscadito. Con el advenimiento del cambio climático y el aumento de la temperatura promedio, llegaron tiempos más cálidos que permitieron que la Cabernet Sauvignon, la Syrah y la Carmenère pegasen un salto cuantitativo y cualitativo en cuanto a vinificación y se establecieran cómodamente en este terruño.

Con clima mediterráneo, la amplitud térmica varía desde los 30°C durante el día a los 10°C durante la noche. La temperatura promedio se ubica en los 13-14°C. La amplitud y un clima adecuadamente templado proporcionan buen nervio, rica acidez y una buena cuota de fruta fresca a los vinos.

Los suelos, pobres en materia orgánica, motivan a que la vid pelee por su supervivencia, lo que redunda en que la planta produzca muy pocos racimos, a los cuales envía toda su energía, haciendo que las bayas generen una piel muy gruesa, que a su vez se traduce en vinos con excelente pigmentación e intensidad de sabores/aromas. Adicionalmente, el suelo de este terroir, se compone de arcilla roja mezclada con arena como capa superior, dándole buena porosidad y drenaje, y un sub-suelo de granito que obliga a la raíz de la vid a abrirse paso entre ella, ocasionando una robustez y una mineralidad bastante inusuales, pero muy bien codiciadas por los viticultores.

Este terruño recibe entre 1,000 y 1,250 milímetros de precipitaciones a lo largo del año. Estas lluvias caen con más frecuencia en las temporadas de floración y de vendimia. La reducción de la floración por efecto de la lluvia redunda en una disminución de racimos por planta, y al mismo tiempo, contrarresta también una posible sobre-fertilidad que normalmente se ve en suelos arcillosos. En épocas de vendimia, la humedad entre las bayas puede ocasionar podredumbre por la aparición de hongos. Esta amenaza se ve bastante disminuida por la existencia de un viento frío que nace en el Océano Pacífico, y que seca los racimos, y en determinados casos, deshidrata un tanto la baya, concentrando dulzor, acidez y aromas. Adicionalmente a las precipitaciones, el Valle de Itata cuenta con los ríos Ñuble y Chillán. Entonces, por agua no existen restricciones para ampliar hectáreas de viñedos en este singular terroir.

Hace 18 años atrás probamos un vino de Cabernet Sauvignon de este terroir que no defraudó en lo absoluto. Hoy, con viñas más viejas, mayor experiencia y mejores técnicas vitivinícolas, los vinos deben ser un curioso manjar.

Roberto Viacava Duffy, Sommelier peruano y Consultor en Vinos. Colaborador de La Canastería.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *