Tardes de Verano y Vinos para Meditar

Los atardeceres del verano son siempre momentos de relax y de contemplación. El cielo se tiñe con tonos ambarinos y rojos,  el color del Sol nos deslumbra mientras se posa en el horizonte, la suave y fresca brisa marina nos va despojando pausadamente del calor que nos envolvió de sopor durante el día.

Al distendernos durante la tarde, es probable que deseemos tener a la mano una copa de vino. Dicen que hay tres formas de sosegar el espíritu, de calmar las ansiedades y de reconectar nuestro cuerpo con el alma: la meditación, el yoga y el vino. Pareciera que hubiese un elemento ahí que no encaja del todo, y uno se podría preguntar con justa razón si el vino es o forma parte de este selecto grupo de apaciguadores espirituales.

La respuesta es afirmativa. Sí lo es. Obviamente, como todo en la vida, siempre será en la justa medida y en la cantidad adecuada. A estos vinos se les conoce como “vinos de meditación”; término aplicado al parecer, inicialmente, en Italia y enfocado esencialmente en los vinos dulces, como p.ej. Vin Santo, Marsala Sweet o Moscato di Pantelleria. La explicación del porqué es sencilla. El alcohol contenido en el vino dilata las arterias, por lo tanto, ayuda a disminuir la presión sanguínea; esto permite que nos vayamos relajando paulatinamente, y a su vez, hará que las glándulas hipófisis vayan liberando las tan ansiadas endorfinas, también conocidas como las “hormonas de la felicidad”.  Adicionalmente a todo esto, el vino hace trabajar a nuestros sentidos, deleitándolos con mágicos colores, distintas texturas y una gran variedad de sabores y aromas. Hasta el oído se ve involucrado; el sonido que produce el descorche de un espumante (o vino) o el del vino cayendo en una copa, nos induce a pensar en estados de bienestar, felicidad o júbilo.

Si bien, cualquier vino es susceptible de cumplir con estos criterios, es importante señalar que debemos buscar o ubicar aquellos que posean una buena riqueza aromática, suculencia en textura y sabor, y un volumen alcohólico (o alcohol) que no agreda ni atropelle nuestros sentidos. No queremos ser excluyentes con algún tipo u origen, porque éste es un campo donde la subjetividad impera normalmente. Lo que sí haremos, es orientarlos para que esta experiencia de la “tarde de verano” sea totalmente satisfactoria, por lo menos, con los vinos.

Aquí algunas recomendaciones:

  • Jerez o Porto: siempre son una interesante alternativa; sus elaborados métodos de producción y un sobresaliente producto final los convierte en una apuesta irrebatible. Fino, Manzanilla o Amontillado en el caso del Jerez y, Tawny o Ruby en Porto.
  • Vinos Dulces: ya sea que provengan de alguna zona del Mediterráneo o de alguna otra parte del mundo, serán los reales “vini da meditazione” per se. Cosechas Tardías (o late Harvest), botritizados como el Sauternes (Francia), Tokay (Hungría), Beerenauslese o Trockenbeerenauslese (Alemania), Bonnezeaux o Quarts-de-Chaumes (Francia); o los vino passito (uva pasa), serán los predilectos.
  • Vinos Tintos: no podemos dejar de pensar en los suculentos y apetitosos vinos italianos como el Amarone della Valpolicella o el Recioto della Valpolicella; un delicioso Pinot Noir de alguna villa de la Côte de Beaune como: Volnay, Santenay, Mersault o Pommard. Tintos de Salta o del Valle de Uco en Argentina nos ponen en inmediata meditación; y los de Luján de Cuyo se tardan unos segundos más en llevarnos al nirvana. La lista no es demasiado extensa pero sí significativa. El buen consejo de un vendedor esmerado o experimentado puede ayudar para lograr una elección precisa.
  • Vinos Blancos: Cualquier vino blanco fermentado en roble, criado en barricas o estacionado o en contacto “sur lie” o “sobre sus lías” poseerá la complejidad suficiente para cumplir con los requisitos para ser un “vino de meditación”. Es cuestión de buscarlos.

Bueno, a aprovechar las tardes de verano para lograr un estado positivo de ánimo y de actitud. ¡Salud!