Vino Rosado: Flexibilidad a Toda Prueba

El siempre camaleónico Rosé viene a colación cuando pensamos en un vino que pueda armonizar con una amplia variedad de platos. Su discreta capacidad de acomodarse entre un vino tinto y un vino blanco, le ha permitido resistir los embates de algunos prejuicios que se tienen de él.  Siglos atrás, mucho del vino que se bebía tenía colores levemente rojizos. En ese entonces, no existían ni el conocimiento ni las técnicas de extracción de color que se aplican actualmente. Por otro lado, podemos manifestar también que el Rosé fue el vino de preferencia por muchos siglos. Los “tintos” de la antigüedad eran vinos tánicos, verdes, peleones y ácidos; lo que motivaba que muchos productores mezclaran este tinto “extremadamente rústico” con algo de vino blanco, obteniendo así un líquido un tanto más suavizado y suficientemente bebible.  En las últimas décadas, el método para lograr un rosado es el de “sangrado”. Lo que significa retirar luego de un corto tiempo (horas) una cantidad del mosto que haya estado en contacto con las pieles. La cantidad de horas de la “maceración pelicular” definirá la intensidad del color del vino rosado. Puede ir desde un color piel de cebolla a un intenso color cereza

Siempre fresco y flexible, el rosé es utilizado como un aperitivo o como un buen compañero mientras se cocina y, sobre todo, cuando se está efectuando alguna actividad al aire libre. Es un excelente “calmante de la sed”.  Al poseer las características básicas de un vino blanco y de un vino tinto, amolda equilibradamente tanto sus sabores como sus aromas. Normalmente, vienen colmados de frutillos rojos: fresas, frambuesas, cerezas, ciruelas, grosellas negras y rojas, y granada. Especias como la pimienta roja y el clavo de olor están presentes. Cítricos como la toronja y la naranja, y una manzana roja madura pueden manifestarse, y dependiendo del tipo de uva utilizado, algunos toques florales se dejan percibir.   

Nuestro rosado combina genialmente con quesos y charcutería:

Quesos: Ibérico Tres Leches, oveja, Manchego, Brie o Camembert, Gouda, Edam o Emmental.

Charcutería: Chorizo de sarta español, prosciutto, jamón serrano, salame, fuet y mortadelas.

En caso decidamos que nos acompañe durante una parrilla casera, unámoslo con cortes de cerdo o pollo, y también con achuras o entrañas. Nos provoca un Rosé de Malbec por su viva acidez.  Las paellas mixtas le viene como anillo al dedo. Un Cava rosado puede ser una divertida alternativa, así como los rosados franceses de la zona de  Provence. Pescados azules, de carne grasa como el salmón y la trucha, o el atún son siempre excelentes cómplices gastronómicos. Asimismo, camarones, langostinos o causas en sus distintas presentaciones le van muy bien. 

Cercanos, como estamos ya del Día del Padre, sería estupendo pensar en este tipo de vino, sea para beberlo tal cual sale de la botella o para combinarlo con algo más. Aquí un par de ideas:

Sangría de vino Rosé con Fresas: Aun cuando el frío ya nos acecha, reemplazaremos el tinto por un fresco rosado. Su preparación es muy simple. Cortemos fresas y limas, llenemos con ellas la mitad de una jarra de 1.5 Lts., agreguemos  1 ½ medida de vodka, una lata de San Pellegrino Limonata y y la rellenamos con el vino rosado. Traten que la fruta sea del día y que, adicionalmente, esté cortada en el momento previo a la elaboración. Esto hace que estén más vigorosas y crujientes.

Spritzer de Vino Rosado: Elaborado con vino rosado como base y con agua mineral (o agua carbonatada). Los dos deben estar muy fríos. Usemos un vaso alto, agreguemos algunos hielos, adicionamos una medida de jugo de arándanos (opcional), y mezclamos mitad y mitad del vino rosado con el agua gasificada (Sprite si nos  provoca algo más dulce). Adornar con unas hojitas de menta.

¿Qué dicen? Regalémosle a papá un momento franco, espontáneo y divertido. Que un vino rosado sea de la partida. 

Roberto Viacava Duffy, Sommelier peruano y Consultor en Vinos. Colaborador de La Canastería.