Vino y Chocolate: Inusual Comunión

Siempre con la grata tarea de descubrir nuevas sensaciones, hoy nos sumergimos en la aventura de combinar estos dos fantásticos productos: el vino y el chocolate.

Ambos provienen de frutos: uno de la vid y el otro del árbol del cacao. Los dos mundialmente conocidos y con historias milenarias.  Sus productos finales han pasado por una serie de modificaciones y sus procesos de elaboración han sido perfeccionados de tal forma que al día de hoy podemos obtener muy alta calidad en cualquier rango de precio.

Los dos comparten el atributo de tener antioxidantes entre sus componentes básicos, que son esenciales para crear un escudo de protección alrededor de nuestras células ante el ataque de cualquier enfermedad. Como es evidente, podemos obtener de ellos muchos beneficios, siempre y cuando los consumamos con total moderación.

Pasemos a hablar un poco del chocolate y nos detendremos en Europa, cuna de la chocolatería clásica moderna. Con Bélgica y Suiza como sus principales exponentes, e Italia, Francia e Inglaterra como  destacados competidores. La diversidad del producto acabado que nos ofrecen es amplia, y va desde una simple barra de chocolate de leche, pasando por los bombones, pralinés y trufas, hasta el chocolate bitter con alto porcentaje de cacao. Éste último es el que contiene la mayor cantidad de antioxidantes.

Pero, ¿Cómo armonizar el vino y el chocolate?

Como primer factor, recordemos que los dos poseen taninos, por lo tanto, la interacción de ellos en este caso es conflictiva.  La acidez del vino no se asocia nada bien con el dulzor del chocolate y menos con su amargor, como por ejemplo, en un chocolate bitter. Por lo tanto, tendríamos que descartar vinos jóvenes, sean tintos o blancos, o de crianza mínima que presenten acideces disparadas y taninos ásperos.

Aquí les ofrecemos algunas sugerencias para explorar exitosamente este territorio:  

Chocolate blanco: Es en su mayoría producto de la manteca del cacao, junto con leche en polvo y azúcar. Sus sabores lácteos a mantequilla y tenues dejos de vainilla demandan vinos blancos ligeramente dulces como espumantes semi-secos, así como cosechas tardías ligeras y moscateles. El azúcar residual de estos vinos no debería ser alto porque podría mitigar el sabor del chocolate.  Un Moscato D´Asti sería ideal o un Porto Blanco.

Chocolate de Leche y sus variantes: Podemos elegir entre vinos tintos que posean taninos suaves y que entreguen sensaciones de frutillos dulces. Por lo general, los vinos de Merlot y de Pinot Noir caminan a gusto con este tipo de chocolate. Vinos tintos dulces tipo Lambrusco o Brachetto, o un espumante dulce australiano de uva Syrah son una elección ingeniosa. Si en el mercado encuentran un cosecha tardía de Malbec, ¡cómprenlo!, va genial. Otra opción clásica es con un Porto Ruby o un Marsala Superiore Semi Secco. Si nos ponemos algo ingeniosos, optemos por un Vermouth Rosso.

Chocolate Bitter (Amargo): Por textura, sabores y, sobre todo, por amargor y taninos, estos chocolates con alto contenido de cacao, necesitan vinos robustos de Cabernet Sauvignon, Syrah o Tempranillo, cuyos taninos y acidez hayan sido apaciguados por efecto de una prolongada crianza en barricas y botella. Para esta categoría están también los vinos fortificados. Sus altos niveles de alcohol y de azúcar harán una perfecta fusión con el intenso amargor de estos chocolates. Tawny Port, Marsala Superiore Riserva Dolce, Jerez PX (Pedro Ximenez), Madeira Malmsey o los VDN (Vino Dulce Natural) del sur de Francia como Rivesaltes o Banyuls, son algunos conocidos exponentes que acompañan magníficamente los bitters.

Entonces, ¿con qué distraeremos hoy nuestros sentidos?. Pues nada más que una copa de vino y un pedazo de chocolate. ¡Cuéntennos cómo les fue en este viaje!.